STOP AHORA! Por qué no podés parar (y no es lo que creés)
Te lo resumo en una escena:
Tu hijo te habla.
No escuchás.
"Mamá, ¿me estás escuchando?"
Tardás unos segundos en darte cuenta de eso, hasta que caés. Estabas ahí fisicamente, pero no en tu atención, mente y alma.
Entonces aparece la maldita culpa, y el loop de ideas que lejos de despejarte te mortifican aun más...
Pero la culpa no es el problema, en realidad es una señal.
Lo que te dijeron que era el problema
Que tenés que priorizarte. Que si querés podés. Que no se va a caer todo si dejás de hacer. Que es autoboicot.
Como si el problema fuera una decisión que no tomaste o que no estas a la "altura para". Como si alcanzara con querer para poder parar.
Detrás de esas frases "bien intencionadas" abren una sensación interna de "no dar en la talla" para "poder con todo" lo que implica la vida adulta de una mujer. Y se siente como un daño.
Porque localizan el problema en vos, en tu fuerza de voluntad, en tu gestión del tiempo, y borran de un trazo todo lo que está pasando por debajo e inclusive en el contexto social.
Lo que realmente pasa cuando no podés parar
No es falta de voluntad. No es autoboicot. No es que no te querés lo suficiente.
Es que parar duele.
Mientras te movés, mientras hacés, mientras resolvés y organizás y sostenés, hay algo que queda tapado, oculto. Algo que está esperando aparecer en el silencio y que sabés, aunque no lo puedas nombrar todavía, encontrarlo será doloroso.
El movimiento constante no es productividad. Es anestesia.
Una anestesia refinada, socialmente premiada, que te hace parecer responsable y capaz mientras por dentro algo grita y nadie escucha. Quizás ni siquiera vos aun lo escuchas.
Porque no es que no haya dolor. Es que el ruido y ritmo lo tapan. Y mientras el ritmo no pause, el dolor tampoco aparece, y tampoco se irá.
Qué hay debajo
No querés parar porque hacerlo es encontrarte con todo lo que no querés ver de tu vida, tus vínculos, y de vos misma.
El tiempo pasa y las cosas siguen ahí aunque hayas hecho todo bien y de manera "correcta". Las tristezas que no tuvieron lugar. Los dolores que postergaste porque había que seguir adelante.
Esto no es un diagnóstico, ni un señalamiento para que te culpes por ello. No es algo que te pasa porque "fallaste".
En verdad es una respuesta que en algún momento tuvo sentido y funcionó: si me muevo, no siento. Si no siento, sigo funcionando y así, todo se sostiene.
El problema es que lo que empezó como una estrategia de supervivencia se convirtió en la única forma de vivir que conocés (Acostumbrando a tu sistema nevioso a vivir en ese estado).
Y el cuerpo, tarde o temprano, pasa la factura.
Un primer movimiento. Pequeño pero justo.
No se trata de que pares ya Todo. Todavía no.
Te propongo algo más sutil: la próxima vez que estés en movimiento y algo en vos sienta que no podés detenerte pero estas al limite, no lo ignores.
Preguntate, aunque sea en silencio: ¿qué es lo que no quiero encontrarme si paro?
No hace falta responderla en ese momento. Alcanza con hacérsela y permitirse dejarla abierta.
Porque esa pregunta es el comienzo de algo diferente. No un cambio exigente e inmediato, ni tampoco una transformación de manual. Sino el primer instante en que dejás de correr sin saber de qué.
Esa pregunta es la que abre la puerta a un trabajo genuino de comprensión profunda.
Si te reconociste en algo de lo que leíste y sentís que es momento de explorarlo con acompañamiento, escribime. Conversamos.
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