PONER LIMITES: Por qué sabés que tenés que decir que no y aun así no lo hacés
Era pandemia, y coordinaba un equipo de colegas que habíamos armado para dar respuesta a una demanda que desbordaba social y comunitariamente. Estábamos en el caos, como todos, pero seguíamos adelante sosteniendo el servicio con compromiso y presencia compartida. Un día, una colega (por fuera del servicio) comentó una publicación del equipo que había largado a las redes. Lo que escribió fue que eso era publicidad y que no estaba permitido. Y en el ámbito psi, eso no es un comentario menor. Recuerdo que en ese momento sentí el calor subirme por el cuerpo. La vergüenza primero, los nervios después. ¿Nos estaban viendo así? ¿Estábamos haciendo algo mal? No pude responder sola en ese instante. Tuve que consultarlo con otras colegas, escuchar sus palabras, sostenerme en ellas para animarme a contestar, a decir algo que también me sacara de esa vivencia de juzgamiento, ansiedad e impotencia. Cuando lo hice, me sentí orgullosa. Pero también me quedó una pregunta dando vueltas: ¿por ...